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viernes, 13 de marzo de 2015

Las vacaciones tan ansiadas y merecidas

Yohler disfrutaba de sus vacaciones, por fin luego de un periodo aproximado de 3 años galácticos, que son aproximadamente como 8 a 9 años terrestres, tuvo la oportunidad de solicitar a la Guardia Principal, unas merecidas vacaciones.
En el gobierno por fin las cosas se habían calmado. Está claro que es aplicable aquella frase: muerto el perro, terminó la rabia, dado que liquidados algunos de los precursores del malestar general, como también detenidos otros muchos de los rebeldes, la causa indebidamente auspiciada por los mismos, había cesado, y nadie osó emprender el mismo camino, y por supuesto que todos anhelaban la paz. 
Antes de viajar al planeta Teryions, lugar elegido por muchos por su calidez, playas, soles, pues contaba con tres pequeños soles que le daban un matiz único e interesante, y mucha arena y agua, pasó a recoger a su pelicona, no sin mucha dificultad, dado que su propietario se negó rotundamente, y si bien Yohler le manifestó que sería como un préstamo e inclusive le abonaría por los días de ausencia, el mismo solicitó a su guardia que la separaran del lugar y que lanzaran a Yohler del lugar. No sabían con quien se habían metido. 
Yohler de un zarpazo tumbó a dos, y con un par de giros hizo volar a otros dos, todos guardias del lugar. Cuando uno de ellos se preparó para embocarle un cañonazo, saltó a la altura de la cabeza del que le apuntaba y con un zapatazo lo hizo volar como 5 metros, y éste se llevó consigo como 2 o 3 que estaban detrás del mismo. Se abalanzaron otros 2 más, pero con golpes rápidos logró desprenderse de ellos, y con un par de saltos llegó a la puerto, insertó un dispositivo explosivo e hizo volar toda la entrada con guardias incluidos. Luego, largó otro dispositivo más, a lo que ya tanto guardias, invitados y otros, volaron desesperados por cualquier lugar. Ya más tranquila la zona, Yohler lentamente pasó a recogar a su joven pelicona. 
La misma era una joven muy atractiva, de la raza humana. No tenía demasiada prenda de vestir, pues en esa zona escaseaba el algodón u otro material similar, por lo que costaba mucho comprar prendas de vestir, para aquellos que querían hacerlo. La mayoría no necesitaba vestimenta. 
Llegaron luego de un rápido viaje interplanetario al lugar de las vacaciones. Pronto le asignaron al hombre una cabaña para dos personas, y lo primero que penetró Yohler fue a esa hermosa y extraordinaria figura marítima de colores azules y brillantes, el mar delicioso, ya hacía tiempo quería meterse de cuerpo entero en sus aguas, y así lo hizo, e invitó a la joven, que sin dudarlo también se zambulló largas horas en el agua. Allí pasaron un buen rato. 
Las vacaciones tan ansiadas y merecidas por fin fueron disfrutadas por un servidor del gobierno, que hacía tiempo venía cumpliendo importantes funciones para toda la población. 

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miércoles, 28 de enero de 2015

El cruel pensamiento de ella

Desde hacía dos meses que la agencia no otorgaba ningún tipo de licencia a sus dependientes, por lo que todos, en igualdad de condiciones, estaban prácticamente como presos en las mismas oficinas, horas tras horas. El salario era muy bueno y las gratificaciones por estas horas extraordinarias mucho más, por lo que ningún quejido se escuchaba.
Más bien eran los de fuera los que protestaban. Hijos, padres, esposos, esposas, tíos, abuelos, amigos, y hasta el perro, se sentían hasta ofendidos por la esclavitud a la que se les sometía a los trabajadores en esas oficinas. En fin, cada año resultaba exactamente lo mismo y muchos ya se habían acostumbrado. 
Pero ella no. Tenía muchas dudas. No se sentía cómoda en la gran vivienda que se habían comprado no hace más de unos meses atrás, y realmente el espacio sobrante se mostraba como una gran enemigo, imposible de vencer. 
Pero más fuertes eran sus pensamientos. Terribles ideas le afloraban de todas partes. Miraba la televisión un rato, pero las imágenes pareciera que le mostraban únicamente lo que no quería ver. Se sentaba a leer un libro, y terminaba quemando la literatura obscena que entre líneas saltaban a montones de esas letras muy sensuales que le calaban en su interior. 
Caminaba por la casa. Se pasaba horas dando pasos de aquí para allá. Las horas parecían interminables. No dormía. 
Salía al pueblo a visitar al médico, a buscar insumos en el mercado y distraerse un poco. Muchos se cruzaban con ella y le felicitaban por su embarazo. 
Pero todo ello era peor. Creía que las personas hablaban a sus espaldas. Sentía que todos la miraban y se reían de ella. No podía seguir así. Levantó el tubo del teléfono e hizo lo que le estaba totalmente prohibido. Llamó a su marido. Hacían 6 meses que se casaron y temía por su matrimonio. Le acosaban pensamientos negativos, de lujuria y engaño por parte de su esposo que estaba lejos, y ya más de 60 días incomunicado en esas oficinas que no cerraban y en las que hermosas mujeres también trabajaban. Esta desesperada. 
Una vez sonó, dos tonos, tres, cuatro, cinco... hasta que nadie atendió el teléfono. Cómo podría ser posible que nadie atienda, cuando que todos supuestamente estaban allí trabajando. Qué pasa. 
La ansiedad era imposible de soportar. No duraría un día más. 
Arrancó el BMW, y viajó incesantemente hasta llegar a las dependencias de la empresa. Pidió en la guardia para ingresar y esperó allí varios minutos. El guardia le advirtió que sería imposible hablar con nadie, pero que intentaría ubicar a su esposo, dada la urgencia. 
Espero, espero, y veinte minutos después, apareció el mismo guardia con una sonrisa en la cara. Eso realmente desconcertó a la visitante. 
Le inquirió rápidamente, ¿qué pasa?
Con alegría de haber escuchado dos horas de una comedia super divertida, el guardia asomó la cabeza y en voz resonante dijo que realmente le sorprendió la habilidad de la mujer para engañarlo. 
Ella no entendió de lo que hablaba el hombre. Le volvió a reclamar sobre su visita y él respondió ya mucho más serio que allí no se encontraba ningún hombre con ese nombre y apellido, que no existía tal funcionario y que si eso era una broma, pues se trataba de algo de muy mal gusto, y que ya mismo se retire del lugar, antes que llame a la policía.
Ella, sacó los pies afuera de las casillas, luego se movió lentamente por el pasillo, y en menos de lo que pensó estaba fuera de las oficinas, en la calle. Llovía un poco. 
Pensó, pensó, y pensó. 
Ese hombre la embarazó y la abandonó...


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lunes, 5 de enero de 2015

47

Comenzaba aquel bello día no haciendo más que la rutina diaria, desayuno, cargar algunas utilidades al bolso, un rápido arreglo al pelo y abriendo de un golpe la puerta, en tres pasos a la calle nuevamente. 
La selva tiene diferentes significados y no únicamente debe ser entendida como la amazónica o aquella donde abundan árboles o animales silvestres, sino que una ciudad cargada de animales al volante, de gente en estampida que corre desesperada de aquí para allá sin siquiera saber cuál es su objetivo, de enormes transportes disparatados, de taxistas furiosos y cuantos que saltan al vacío de los edificios, pues es muy ponderable en cuanto a la comparación selvática.
Ella desaparecía raudamente de su barrio, algo que siempre le molestaba, y se dirigía entre pasos y pasillos a una salida que justo daba al parque y de allí tres cuadras a la derecha, giraba nuevamente y por fin aspiraba el sabor del centro de la ciudad, lugar privilegiado para quienes tienen la capacidad de adaptarse al intenso e incesante mundo giratorio que ofrecían las grandes corporaciones cuyo eslogan claramente establecía que la vida era para vivirla y no había posibilidad alguna de descanso, por lo que el trabajo era duro y constante, pero las horas de diversión tampoco tenían desperdicios. 
Por ello solía volver tarde a casa. Aún cuando a tempranas horas concluía sus labores, debía cumplir también con sus compañeros de trabajo o jefes, quienes siempre cordialmente la invitaban para que quede a amenizar alguna velada que por algún motivo de celebración se hacía, muy comúnmente, esto es, por lo menos unas 3 o 4 veces a la semana. Un grupo selecto de amigos, personas que no tenían mucha familia ni hogares, solo el trabajo y más trabajo. Altos ejecutivos, mucho dinero, pero claramente vacíos. Esas veladas duraban hasta 6 horas, y allí muchos perdían la compostura. Más de uno, luego de pensarlo durante horas y de beber hasta el agua del florero, sencillamente se asomaba al balcón, de unos 25 pisos de altura, y después de despedirse amenamente, pues hacía el gran salto. Era muy común en ese ámbito. Ella sobrellevaba justamente una carga emocional un tiempo, porque se había acostado varias veces con un joven de unos 35 años de edad, un alto ejecutivo que de un día para otro, o mejor de una noche para otra, luego de haberla penetrado hasta moverle las costillas, porque era un hombre grande y entre los pantaloncillos su enorme físico se podía detallar en varias pulgadas de pura alegría para las que con él simpatizaban, y ni bien unas horas después de ese atraque significativo para ella, él se lanzó de ese balcón del piso 25, sin pestañear. Rara situación pero el estrés causa graves desorientaciones en las personas. 
Cuando volvía en las noches, a veces muy tarde, afortunadamente ella contaba con un amigo, un taxista, cuyo coche llevaba la inscripción del número "47". Siempre se preguntó por qué esa numeración siendo que la gran mayoría del parque automotor de dicha empresa tenían otros números con más dígitos, pero enseguida olvidaba aquello y  más tranquilidad le daba regresar a casa. Sin embargo, ella no sabía que aquel no era un taxista cualquiera. Se trataba de su padre, quien la cuidada de ese modo sin que ella lo supiera. Él nunca le dijo que realmente era su progenitor, y en más de los viajes que hacían, ambos guardaban silencio en todo el camino. Pero él la mirada y sabía que por lo menos podía llevarla a su casa sana y salva. Esa era su labor. Pasaron los años y ella también eligió la salida del balcón del piso 25. Ese día, él esperó frente al edificio, horas, días, semanas y hasta un año entero, sin saber lo que aconteció.